
Todo comenzó el año 2000, cuando Sylvia Santos, ingeniera comercial, se encontraba en Estados Unidos viviendo en carne propia su primer fracaso en los negocios, pero, como de los errores nacen las buenas ideas, decidió investigar más el mercado.
Descubrió un nicho con poca competencia y un futuro promisorio, el de los jabones finos. También encontró que en China existía toda una industria ya desarrollada, donde podían fabricar los diseños que ella misma elabora.
Contactó por mail a varias empresas, y logró reunirse en Estados Unidos con los representantes de la que más le interesaba, y al poco tiempo llegar
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