Este año, entré finalmente a la universidad. Había dejado todo de lado el año pasado, incluso mis afición por leer mangas, novelas y en general cualquier cosa que me introdujese un poco más en la cultura asiática. Pensé que cuando entrara a mi carrera ya no tendría tiempo para nada y que la homogeneidad de pensamiento de mis compañeros - Derecho no se caracteriza por tener un prototipo de estudiante diverso - no me permitiría compartir mis gustos por el intricado y fantástico mundo que es Asia. Cuán grande fue mi sorpresa al enterarme que, dentro de mi misma universidad, existe un programa de estudios asiáticos que introduce poco a poco a los alumnos a este nuevo mundo, desmitificando a los países orientales e invitándolos a reflexionar acerca de la verdadera trascendencia que puede tener para nuestro país entablar buenas relaciones con ellos, trascendencia que va más allá de ganancias económicas, sino que apunta más a un fortalecimiento de nuestras mismas raíces y a la vez al sincretismo cultural que puede llegar a unir a tantas naciones tan lejanas unas de otras. El mejor ejemplo de ésto es el intercambio estudiantil, que ya varias universidades de Chile han sabido aprovechar para mostrarle a los profesionales asiáticos del mañana las maravillas y ventajas que tiene nuestro país. En mi universidad, se hace un esfuerzo además para integrar a los intercambios asiáticos dentro de un ambiente más distendido que el de una sala de clases, instando a que nosotros mismos, los chilenos, hagamos uso de esa reputación que tenemos de ser tan hospitalarios y los hagamos sentir más cómodos en su estadía. Desde el año 2005, que el programa de estudios asiáticos ha desarrollado un "study group" que tiene estos objetivos como misión y que poco a poco va ganando más adeptos.Creo que este un primer avance es digno de ser imitado por muchas otras instituciones - no solamente universidades, sino que empresas y en general toda aquella organización que reciba intercambio de cualquier parte del mundo- pues es la una forma mas humana y real de mostrar nuestro verdadero ser frente a la comunidad extranjera.
Sin embargo queda aún mucho por hacer ya que si bien nuestras universidades y ministerios han dado el primer paso, frente a Chile existe un largo camino que recorrer para que algún día los alumnos y en general todos los chilenos podamos tener las mismas posibilidades que un Estadounidense o Alemán de conocer las maravillas que guarda el otro lado del planeta.


Ayer fui a ver "Mudang" al ciclo de cine coreano del Programa de Asuntos Asiáticos de la PUC, pensando en hacer una nota para el Portal Chile Asia Pacífico. Me llamó la atención que la profesora Wonjung Min, muy simpática e inclusiva, nos contó que el tema de la película, las chamanas coreanas, era algo que ni siquiera los coreanos sabían bien. Es decir, el documental era inédito para todos los que estábamos ahí: alumnos orientales y occidentales curiosos como yo. Buenísimo.
Además, estoy muy de acuerdo con Estefanía. Qué bueno que encontró un lugar en donde ahondar sus conocimientos y las relaciones con Asia desde el punto de vista humano y no sólo comercial.
Me ha tocado participar en varias experiencias integradoras y creo que, sobre todo, los jóvenes, estamos abiertos al mundo, queremos conocer y darnos a conocer. La maravilla de conservar las tradiciones propias es que luego se las puede regalar a quienes saben de otras formas de vida. Esto, para mí, es revolucionario.