Sucedió que Sankichi Toge estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. El momento fue la mañana del seis de agosto de 1945. El lugar, Hiroshima, a 3 kilómetros del punto donde cayó la primera bomba atómica. Aunque llevaba escribiendo poesía desde los dieciocho años, posiblemente se habría quedado en un poeta menor y casi desconocido, sin la experiencia de la bomba atómica. Fue esa experiencia la que movió su obra en los últimos años de su vida y le dio esa fuerza tan especial y tan conmovedora.
En 1949 fue hospitalizado por una afección pulmonar causada por la radiación. Los siguientes dos años los pasó componiendo los “Poemas de la bomba atónica”, que dedicó a las víctimas, a los supervivientes, a los testigos y a aquéllos que aborrecen las armas atómicas. Uno de esos poemas dice:
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